Versión: Antonio Campos y Javier Uriarter
Interpretación: Antonio Campos.

Dirección: Javier Uriarte

Coproducción: Compañía Antonio Campos y Meditea Teatro
Distribución: Cristina Gandarias

¿Qué ocurre cuando un solo actor se atreve a cargar sobre su cuerpo un pueblo entero? ¿Qué pasa cuando no se representa Divinas palabras al uso, sino que se la convoca, se la resucita y se la deja hablar a través de un intérprete solo, expuesto ante el público como un último feriante de la palabra

La propuesta de Antonio Campos parte de una imagen radical: un actor entra en escena para contar una historia que nadie querría cargar y que, sin embargo, sigue siendo nuestra. No viene a ilustrar a Valle-Inclán ni a “hacer personajes” sin más. Viene a meterse dentro de un mundo podrido, sagrado, grotesco y reconocible, y a preguntarse, delante del espectador, si de verdad aquella aldea salvaje ha desaparecido… o si simplemente ha cambiado de ropa.

Desde esa convención, Antonio Campos se convierte en narrador, testigo, cómico, sacristán, mujer, pueblo y conciencia. A través de una dramaturgia que resume, encarna y dispara la esencia del original, Divinas palabras deja de ser solo un clásico para convertirse en un espejo incómodo del presente: la explotación del débil, el juicio público, la hipocresía moral, el deseo castigado, la crueldad convertida en espectáculo y la necesidad de encontrar, incluso en el barro, una forma de redención.

Esta versión en solitario no reduce la obra: la pone en riesgo. Un solo actor invoca el universo entero de Valle-Inclán y hace aparecer, desde la palabra y el cuerpo, una multitud. El resultado es un espectáculo de gran potencia oral y física, donde lo popular, lo feroz y lo poético se funden en una experiencia escénica extrema y profundamente contemporánea.